miércoles, 11 de marzo de 2009

El Árbol de la Soledad...




Afortunadamente aquel árbol daba suficiente sombra cuando el sol comenzaba a ocultarse en el poniente, aunque igual debía recostarme sobre el tronco del otro lado. Este árbol era enorme, con un tronco de unos dos metros de ancho, que por si sólo daba harta sombra.

Sin embargo caí en la cuenta de que no sabía por qué estaba recostado ahí, tan lejos de la cabaña. Mi instinto me había llevado de forma inconsciente hasta ese lugar, quizá porque ya antes había nombrado a ese árbol “el árbol de la soledad” pues era el único que había en varios metros a la redonda. Ya llevaba varios minutos ahí cuando me di cuenta de todo, antes de que un ruidoso visitante interrumpiera aquel momento de soledad.

- ¿Qué haces aquí?- me preguntó con un tono de voz muy familiar, extrañado.

Me di vuelta y con sorpresa me di cuenta de que tenía mi rostro, pero estaba vestido totalmente de negro.

- ¿Y te sorprendes? Recién te diste cuenta de que estabas en este lugar y ahora te sorprendes cuando hablas contigo mismo- dijo con firmeza.
- ¿Conmigo mismo? – pregunté absurdamente.
- No, con tu hermana… idiota- me reclamó con sarcasmo.

Su tono de voz me hizo despertar un poco.

- En todo caso, no se porque hablo en voz alta, si sólo eres parte de mi imaginación… a lo más falta que aparezca otro como yo pero vestido de blanco completo.
- Solo tienes que imaginarlo, pero como esto no es una caricatura del bien y el mal… sino yo tendría cachos, cola de flecha y un tridente, además de estar de rojo.

Sus palabras cobraron una racionalidad abrumante en mi mente.

- Lo sé. No estoy pensando sobre el bien y el mal, ya pensé suficiente sobre eso- dije con voz más relajada, como acostumbrándome a la situación.
- ¿Y entonces? ¿Podrías decirme por qué estoy acá en este árbol en vez de estar dentro de tu cerebro?- dijo con impaciencia.
- Necesito hablar conmigo mismo.
- “Necesito hablar conmigo mismo” – respondió burlescamente-… OBVIO QUE TIENES QUE HABLAR CONMIGO MISMO, sino no estaría aquí… sé más específico- me recriminó impacientemente.

Dudé en responder, me tomé unos segundos.

- Porque a veces me cuestiono algunas decisiones que he tomado- dije lo más secamente posible.
- Aldous Huxley dice que el remordimiento es el peor sentimiento existente, pues no puedes echar pie atrás.
- No me digas esa frase, la recuerdo perfectamente.
- ¿Y qué decisiones estás cuestionándote?
- Sabes perfectamente a cuál me refiero.

Él se tomó la cabeza con ambas manos, como quejándose. Mientras se sentaba el lado mío.

- No me digas que de nuevo estás con esa estupidez… ¿No que ese tema ya lo habías cerrado?
- Claro que lo cerré, de hecho sigue cerrado… pero aún así no dejo de cuestionar esa decisión.
- Perrito- dijo con confianza- sabes perfectamente por qué tomaste ese camino. Tu mismo te topaste con ese tremendo letrero en el otro camino que decía “NO PASAR” y que por eso tomaste esta vía.
- Lo sé… se que elegí la soledad porque la compañía me genera un enorme rechazo. Que elegí la soledad porque cada vez que entraba a un carrete, el escuchar la música fuerte era como si un tipo me pegara en la cabeza con un tremendo mazo- le respondí mientras el sol comenzaba a esconderse.
- ¿Y entonces? ¿Cuál es el problema?
- Que las personas solas, drogadictas y misantrópicas deberían morir en accidentes de bus, y los jóvenes benefactores enamorados que son arrastrados fuera de su departamento en el medio de la noche, deben caminar limpios. – dije casi mecánicamente.

Él agachó la cabeza moviéndola hacia los lados.

- Ya no seas estúpido, no me vengas con frases copiadas.
- Lo sé – dije riendo malévolamente- pero aunque sea copiada, tiene alguna relación.
- ¿ERES DROGADICTO? – preguntó asustado.
- NO, IMBÉCIL, CLARO QUE NO LO SOY- respondí airadamente- pero lo de solo sí.
- ¿Y misantrópico?
- A ratos. Tú sabes que mi irreverencia y mis burlas a las teleseries, además de otras cosas, son signos de misantropía, no muy marcada, pero es algo.
- Mmm… puede ser… ¿Deseas morir?
- NO IDIOTA, ni se te ocurra.
- Jaja, son sólo bromas… ¿Y qué hay con lo de misantropía y soledad?

Me tome un rato en responder mientras me rascaba la nuca luego de tenerla varios minutos apoyada contra el tronco del árbol.

- Que a pesar de elegir esto, no quiero ser un miserable tratando mal a los demás… sabes a lo que me refiero.
- Lo sé. Sé que tus ex compañeros de colegio quieren hacer una junta y que no tienes ninguna intención de ir.
- Sí.
- Bueno, ya estás tratándolos mal.
- Si sé… pero es que ya me dan lo mismo. Se que es feo decir esto, pero igual aunque es típico de la edad, eran más burlescos, inmaduros, que hablaban puras tonteras y eran muy hedonistas.
- ¿No crees que lo de hedonista es mucho?- me preguntó con algo de inquietud.
- Puede ser… pero creo que entiendes a lo que me refiero. Ya el contacto con ellos se perdió, no me interesa reunirme con ellos.

Él demoró en responder.

- Mmm… y aunque esto pasó con ellos, no quieres que vuelva a pasar.
- No quiero que vuelva a pasar. Porque ahora la gente cercana a mí, aunque yo no aporto mucho a aumentar esa cercanía, no es así. Es más reflexiva, más empática y no habla todo el tiempo tonteras. Si, son burlescos… pero no crueles.
- ¿Entonces consideras que cuando ya saltes a la próxima etapa de tu vida no se merecen el trato que le estas dando a los otros?
- Eso mismo… pero ya elegí la soledad. Y creo que con ellos pasará lo mismo, aunque trate de evitarlo.
- Tú y tu soledad. Creo que entiendo tus cuestionamientos.
- Sí.

Tomé algo de tiempo para volver a rascarme la nuca.

- No soy capaz de rodearme de gente. Y de las pocas personas con las que me rodeo, siento que es poco.
- A veces la soledad te agobia pero no puedes dejarla… entonces busca más compañía de la que tienes, así de simple.
- La compañía me genera rechazo, ya te lo dije. La soledad no… pero a veces me agobia. Y a pesar de eso… aunque a veces me agobia, no puedo dejarla…

Interrumpí un poco mi charla, para relajarme un poco.

- … y por eso, porque no puedo dejarla, con la gente de ahora pasará lo mismo de siempre. Y me siento miserable porque no se merecen eso.

Él no respondió… estaba tan atento a su futura respuesta que no me había dado cuenta de que ya mi alucinación había finalizado. Ya el sol estaba a medio esconderse, por lo que decidí levantarme del árbol y regresar a mi hogar.





... VMBRA...

viernes, 27 de febrero de 2009

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no siempre se tiene lo que se quiere...

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miércoles, 18 de febrero de 2009

Inocencia...


Hace suficiente calor para que todos debamos estrujar el cuello de nuestras poleras sobre nuestros propios cuerpos, para que de esa forma, aunque no sirva de mucho, podamos paliar en algo la aridez de este día de verano. Ojala hubiese aire acondicionado en el vehículo, y por desgracia la tierra suelta nos impide poder tener las ventanas abiertas para que entre algo de viento, menos con los escombros que hay en estos remanentes caminos. También desearía que la suspensión del vehículo fuera mejor, pero meses y meses manejándolo me han acostumbrado a sus saltos violentos, más en estos remanentes caminos llenos de agujeros y obstáculos.

Hace mucho tiempo que no veo una cara nueva, por un lado es mejor que sea así, porque si hubiera alguien más tendríamos que aprisionarnos más en el vehiculo, y sufriríamos más con el calor.

El reloj corre y corre, cada vez se nos hace más difícil encontrar víveres y recursos necesarios para tener algo de comodidad. El viejo supermercado que semana a semana debemos saquear se llena cada vez más de tierra y suciedad, y sus alimentos se van acabando. Ya no importan las fechas de vencimiento que llevan rotuladas, pero luego tendremos que ir a buscar otro lugar para obtener algo de comida. Me pregunto como lo haremos cuando se acabe el combustible en todas las bencineras.

Ya casi se me ha olvidado hace cuanto tiempo ocurrió todo, sólo recuerdo aquel momento. Primero un ruido ensordecedor similar a sirenas, gritos desesperados de todo el mundo.

Y luego el infierno.

Por alguna razón decidí no salir afuera de mi puerta, me encerré en el baño de mi hogar y me senté en un rincón de él, acurrucado, asustado, rogando que pasara.

Después llegó el silencio.

Atemorizado, salí del baño, y al abrir la puerta encontré mi casa destruida, y así cada una de las casas de mi barrio, y así todo el barrio hasta caer en cuenta de que toda la ciudad había desaparecido. Vestigios de pequeñas casas y grandes edificios me hacían preguntarme que había pasado.

No había nadie

Todo estaba destruido. Había fuego por todos lados.

Estaba solo

Lejos de mi casa encontré la camioneta que ahora conduzco. Con horror vi que dentro de ella había un hombre mutilado, La sola expresión de su rostro me causaba pánico y por un momento me sentí aliviado de no ver lo que él vio. La cogí y comencé a conducirla. Durante semanas solo, dedicándome sólo a buscar comida, y si había alguien más. Poco a poco fueron apareciendo, hasta que ahora somos solo trece personas. En muchos meses, casi un año, he visto a sólo doce personas, el resto... cadáveres.
Hoy conduzco, y miro por los espejos sus rostros, 5 hombres y 8 mujeres. 10 adultos, 2 adolescentes y un niño. En todos veo un rostro de angustia, de desesperación, de soledad, de no saber que hacer. Siento que cada uno de ellos se hace la misma pregunta que yo me hago. Pero veo que la desesperación los sobrepasa; a algunos de ellos se les escapa alguna lágrima de vez en cuando, tratando de esa forma aliviar en algo la pesada carga que sus almas acarrean.

Veo en cada rostro de ellos sufrimiento, proyectos truncados, planes frustrados, objetivos destruidos, metas hechas polvo e ideales que sólo han quedado en una ilusión imposible de lograr. Veo la soledad que no es capaz de disiparse en cada uno de ellos, veo en muchos de ellos una sensación de estar entregados a la suerte de su destino, que ya nada depende de ellos mismos.

Y cuando me veo a mi mismo, cuando veo mis propios ojos por el espejo retrovisor, veo una mirada cansada, pero veo una mirada que aún conserva algunas metas, metas que nunca pensé que podrían llevarse a cabo.

Pero también veo otras cosas que también veo en el rostro de los demás, veo la tristeza tan clara como si estuviese grabada a fuego en mi alma, veo la soledad más fuerte como nunca antes la había visto, como si estuviera solo en la camioneta, sin nadie. Creo que todos sienten lo mismo, pero creo también que los demás no saben afrontarla, y que tendré que enseñarles a hacerlo.

Aunque siempre enfrenté la soledad, desearía estar como antes: en soledad... pero nunca tanto.

Llegamos a nuestro destino final del día, a nuestro refugio.

Todos nos bajamos de la camioneta y fuimos caminando lentamente al pequeño hostal en donde nos refugiamos de posibles peligros, ya sea animales o alguna cosa que haya provocado esto. Me aprestaba a entrar cuando la menor de nosotros, una niña de cinco años, me toma de la mano y con la inocencia y la sonrisa de su edad me habla.

- ¿Qué haremos?

Dudé unos momentos, como si mi mente estuviese sacando de un baúl antiguo los recuerdos de una vida pasada, algo que pudiera darle tranquilidad a quizá la única persona que podría cobijar algo de alegría en su corazón. En estos momentos desearía tener la inocencia de un niño.

Luego de algunos segundos, mi mente encontró la mejor respuesta que le hubiese podido dar.

- Iremos a comer, y después comenzaremos a decorar esta casa, que está un poquito fea ¿Te parece?- le dije, tratando de imprimir en mi rostro y voz la mayor tranquilidad posible, a la vez que intenté sonreír amablemente.

La niña también sonrió, como si ella misma quisiera ser parte de aquella decoración.

- ¡Ya! - dijo con el entusiasmo de un niño con un nuevo juguete. En eso entró al hostal con la emoción de probar algo para comer.

En aquel momento se me ocurrió mirar al resto de las personas. Por primera vez vi en ellos una tenue sonrisa, como si envidiaran sanamente aquella inocencia, que hace mucho tiempo deseamos poseer, quizá para intentar escapar de la realidad.

Todos entraron, menos yo, que caminé hacia afuera, hacia una enorme pieza de concreto, de algún edificio destruido. A lo lejos la cordillera se veía clara, pero sin nieve. Fue en ese momento, al sentarme, en donde la angustia comenzó a atacarme cruel y despiadadamente.

Obligándome, por primera vez en mucho tiempo, a derramar lágrimas que lavaran el polvo de mi rostro.

Hace mucho tiempo que no lavaba mi rostro…

miércoles, 21 de enero de 2009

Peregrinación...


Peregrinando hacia el templo de la soledad

En busca de respuestas a todas las preguntas
Y en busca de preguntas para todas las respuestas

Cuando regrese…
Quizás algunas cosas sean diferentes…

Bien dicho
Quizás



vmbra...

miércoles, 7 de enero de 2009

El Asesino de Ilusiones (Autorretrato)


Una pequeña transformación que probablemente pudo ser el último eslabón de un proceso de maduración… un poco particular. Formas de defenderse de la realidad que muchos podrían reprocharme pero que son vitales en mi retorcida mente, que se ha convertido en una fábrica de respuestas a prueba de todo, de creencias y verdades. Una especie de animadversión a las respuestas fáciles y un afán de no temerle a lo desconocido terminan por convertir a cualquier individuo en un sujeto huraño y a veces brutalmente sincero, que podría perturbar a alguien cuya mente solo sabe de confusiones.

Una maduración que, por un lado convierte a uno en alguien que sabe que hasta lo más increíble y lo más sencillo tiene una respuesta, pero que no podrá saberlas todas aunque viva mil años. Pero esta maduración particular responde a un grave defecto que convierte a uno, a pesar de verse completo, en un lisiado. Una tremenda incapacidad para conectarse con el mundo, y por ende también una apatía por hacerlo, que probablemente fue adquirida durante el transcurso de su vida. Aquí uno cae en un círculo vicioso del cuál no ha podido salir, y que probablemente no saldrá… apatía que recibe cualquier nuevo camino con un rechazo y que genera un desencadenamiento de esta fábrica de respuestas a prueba de todo, que a pesar de mantener cualquier conflicto artificialmente alejado (aunque pragmáticamente hablando funciona), termina por conservar, y a veces acrecienta, este defecto al eliminar cualquier posibilidad de tomar un nuevo camino. Después de todo esta fábrica de respuestas a prueba de todo hacen de uno un asesino de ilusiones, que aleja de él cualquier posibilidad (desde el punto de vista de la mayoría de las personas) de tomar un nuevo camino que pueda ser una cosecha de nuevas alegrías. Esta fábrica termina por mantener esa incapacidad de conectarse con el mundo.

Es ahora donde la fábrica de respuestas a prueba de todo encuentra una razón para justificar su existencia. La capacidad de encontrar respuestas a prueba de todo permite a uno ser un pilar para cualquiera que pueda encontrarse en su feble camino, dejando su legado en otros y encontrando una trascendencia más allá de uno mismo. Ahora bien esta fortaleza que puede exportar al mundo encuentra la génesis de su existencia en otra falla generada por la falla original y antes mencionada, el miedo de uno al arrepentimiento del destino elegido en lugar del que la mayoría elige seguir. Es en este momento donde esta fábrica de respuestas encuentra una razón para que uno no se arrepienta de la vida elegida.

Al final la ecuación puede escribirse de forma más sencilla, en un lado está la fortaleza que uno puede dar a aquellos que se encuentren en su camino y la capacidad de encontrar respuesta en las cosas más increíbles y extrañas hasta las más sencillas. En el otro lado está el miedo al arrepentimiento y la incapacidad de conectarse con el mundo. Teniendo como incógnita, y como ente capaz de equilibrar o desequilibrar esta ecuación, a la fábrica de respuestas, la que termina de darle a esta ecuación el nombre de asesino de ilusiones.



... Vmbra...