lunes, 21 de noviembre de 2011

... Patada...


Cuando la rutina embriaga, convierte en autómatas, o envuelve con ese perfume seductor de normalidad, llega un momento en que crees ser parte de todo eso por arte de magia,

Hasta que recibes un golpe bajo, por lo general, inesperado, de esa misma rutina.

Descubres que aquellos ciclos que siempre han gobernado todo pueden demorarse, extenderse o en algunos instantes detenerse… pero jamás romperse.

Permanentemente se está conciente de esa mezcla forzada, pero pareciera ser que mientras uno se ve empujado a ello, asume una actitud desidiosa, influenciada por esa rutina.

Pero tarde o temprano esos ciclos irrompibles se reactivan y te devuelven a ellos de una sóla patada.

Pareciera ser que lo que viene es lo mismo que siempre ha ocurrido.

miércoles, 20 de julio de 2011

Claustra


Veo a la gente a mi alrededor, mirándose entre ellos o hacia el piso, avanzando hacia alguna dirección.

Miro sus rostros, afables y dispuestos, compartiendo palabras y gestos a medida que sus pies se intercalan uno delante de otro.

Oigo sus palabras, llenas de historias y relatos que contar, maletas cargadas de recuerdos que van moldeando aquellas voces y aquellos rostros.

Veo en ellos el deseo de seguir entregando palabras y gestos, como si la afabilidad aquella fuera lo que desean conservar.

Veo a la gente alrededor mio,
y me parece todo tan extraño y lejano.

domingo, 26 de junio de 2011

(des)equilibrio...


Mi espíritu tiende a la destrucción...
otorgando equilibrio al caos...

Por más que intente desequilibrar este inerte balance
todo parece indicar que los dados ya están echados...
dando fin al viejo ciclo, para dar paso a otro...


Dominvs

domingo, 1 de mayo de 2011

La Frontera


Voy deambulando por ambos lados de esta frontera.
A veces en este mundo; otras, en el otro.
Aunque más en uno que en el otro

A veces me siento empujado a uno,
otras veces hacia el otro
y de vez en cuando siento mayor deseo de uno que del otro
Aunque es más por uno que por el otro

Llevo toda una vida deambulando por esta frontera
A veces he viajado más de un extremo que del otro
Y desconozco en cuál me asentaré definitivamente
Y si es que algún día dejo de deambular.

martes, 15 de febrero de 2011

Melodías de Guerra


La realidad siempre supera la ficción. Varias veces había oído aquella frase durante los últimos años, desde cuando apenas era un novato y había más ganas que experiencia. Siempre decían que esa era una de las cosas que había que tener presente al momento de la verdad, que probablemente si recordaban esa frase, volverían a sus camas al final del día. La mayoría de los que se alistan entran con la imagen que dan en las películas de la guerra, de soldados que gritan como energúmenos, follándose a las putas del pueblo o que se divierten disparándole al enemigo mientras lanzan una que otra puteada con los ojos desorbitados clamando por más sangre.

La primera vez que se enfrentó a una batalla real sintió que había un antes y después en su vida. Cualquier persona se bloquearía a la primera bala que le pasara cerca y lo más probable que haga sería huir de ahí, lejos de los proyectiles. Pero acá huir estaba prohibido, y si pretendían escapar de esas balas, se encontrarían con una que sí les llegaría, pero disparada por su oficial superior. La única opción era apretar el gatillo, evitar que los mataran, y estar lo suficientemente iluminados para evitar cometer un error fatal. Aquel sujeto se enfrentó esa vez a un grupo de hombres vestidos de civiles, que portaban armas de grueso calibre en medio de una derruida ciudad. El único ruido que percibía eran esos pedazos de metal cortando el viento, mientras entre ellos se gritaban órdenes y advertencias. Lo primero que surge es confusión entre tanto mensaje y ruido, pero a la fuerza los oídos y los ojos aprenden a codificar todo eso, y así se van formando los soldados… por las malas. De ese modo se formó él, esquivando las balas y disparando a cualquiera que alzara algún fusil o revólver.

Durante ese período, al final del día lo único que quería, al igual de muchos, era dormir y por un momento no tener conciencia de las cosas. Costaba adaptarse a esa realidad totalmente diferente de lo que se vivió antes de enlistarse. Oír la melodía de la guerra vibrar en su memoria le dificultaba conciliar el sueño, y muchas veces fue tan intenso que al día siguiente le costaba estar atento, teniendo muchas veces que tomar litros de café para poder despertarse en algo. En aquellos primeros días deseaba poder estar en su hogar, menos hostil, y haber decidido no hacer aquella fila en el cantón. Pero lentamente sus oídos se fueron acostumbrando a las balas y las explosiones, y sus ojos fueron adecuándose a los ríos de sangre, edificios destruidos y cadáveres desperdigados por las calles. Lentamente comprendió que la única forma de sobrevivir a aquella carnicería, era convertirse en el carnicero.

Progresivamente el convertirse en carnicero fue trayendo sus consecuencias. Frialdad, indiferencia y desinterés en el dolor ajeno, fue poco a poco lo que comenzó a aflorar en él, como en aquellos que también habían aprendido a sobrevivir, y de alguna forma eso también los convirtió en más que soldados, los convirtió en camaradas, en compañeros que se sentían como muertos que debían escapar del infierno. Mientras supieran que otros también pasaban por lo mismo, era superable, mientras estuvieran en la guerra junto a sus compañeros, era aguantable…

… Pero una vez fuera de la guerra.

Una vez fuera de la guerra ya no se tenía algo en que distraer el pensamiento. Una vez ya fuera de los huracanes de balas y los truenos de las granadas no había forma de evitar tomar caldo de cabeza. El volver a la vida normal de los individuos resultó, al fin y al cabo, en una verdadera batalla, en donde no se arriesgaba la vida, pero si era mucho más cruenta e insoportable que el campo de combate. Una vez fuera de la guerra no había compañeros que hubiesen pasado por lo mismo, por lo que ahora el soldado no era el soldado, sino el bicho raro.

Lo único que podía surgir de eso, era el remordimiento, y soledad.