viernes, 26 de diciembre de 2014

Mi Hora más Oscura...

Sí, hace mucho frío en este lugar.
Aquí sol parece un tenue círculo polar
Tras la húmeda y asfixiante niebla
Por las noches la oscuridad es total
Ni la más grande de las lunas logra iluminar

Acá los ojos y oídos no usarás
Y sólo en tu erizada piel confiarás
Donde hay silencio y oscuridad
En tus manos frío y escozor sentirás
Y ningún haz de calor hará olvidar la soledad

Buen amigo, bienvenido a mi hora más oscura
Donde los rostros se difuminan y las voces se apagan
A donde gires sólo negro y frío encontrarás
No, no intentes luchar contra ello.
Cualquier recuerdo y esperanza abandonarás

En el frío de la oscuridad sólo tu imaginación usarás
Si quieres mantenerte vivo, si quieres resistir
La hora más oscura de tu alma desgajada
Quizás podrás inventarte en esta lúgubre noche
Que el silencio es canto y el frío es calor

Olvida la esperanza guardada en tu alma
Déjala en el pasado y entra en este abismo
Allí perteneces y ahí te quedarás
No trates de escalar por la quebrada
Llegando a la cumbre, la luz te quemará y caerás.

Buen amigo, bienvenido a mi hora más oscura
Donde la esperanza es asesinada por cuchillos de hielo
Y asfixiada por un manto de oscura neblina
No hay deseo que resista ni coraje que no sucumba

La hora más oscura resurge y se impone.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Eco



Me pregunto si en este momento, estés donde estés, estarás asomada a una ventana mirando la luna, de la misma forma como yo la estoy contemplando.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Spectrvm ex Vmbra


Felicitaciones, has alcanzado tu meta,
Has obtenido lo que por años has buscado.

Has sido devorado por el remordimiento.
En tu cobardía tus sentimientos has cercenado
Y tú alma has mutilado.

Gracias a tus propias decisiones.

Felicitaciones,
Te has convertido en un verdadero spectrvm ex vmbra

sábado, 13 de septiembre de 2014

Obsesiones

Las horas viajan lentamente al amparo de la noche, deteniendo su atención en mis ojos, tratando de descubrir qué es lo que pasa por mi mente, y lo que la pluma escribirá sobre el papel añejado. Son testigos privilegiadas de todas aquellas frases que han logrado sobrevivir al paso de los días, y de aquellas que se desvanecieron con el alba, y con los pensamientos de un nuevo día.

Viajan tan lento que me siento obligado a tomar una vez más la pluma y el papel, satisfaciendo su juguetona curiosidad, pendientes de mis noches como si leyeran la más interesante de las novelas de misterio y suspenso, presionando por conocer un nuevo capítulo de este trance prolongado.

Me presionan por escribir líneas que traten de reflejar esta guerra interna, como la más dramática de las películas bélicas. Pero la verdad es que terminan ayudándome a darle un final a las pequeñas historias, microcuentos y frases que quiero salvar del paso del tiempo, antes de que mueran a la sombra del olvido.

Y es que al tomar la pluma entintada siento como si todo lo que acumulo en mis pensamientos comenzara a salir de mí.

Sobre todo aquellos que quiero expulsar.

Pareciera que quedan satisfechas en su morbosidad, conformes de haber leído un nuevo capítulo de una vida ajena, en un libro que se ha extendido más de lo que presupuesté en un inicio.

Una incertidumbre que no había planificado escribir.

Una historia basada en obsesiones por terminar con aquel paréntesis que a ratos se hace incómodo, estando atrapado en un lodazal seco y abrasivo, capaz de cercenar espíritus si mantiene capturado a sus prisioneros el tiempo suficiente.

Una obsesión por transformar ese paréntesis en algo breve, que todo registro de aquello quede sólo plasmado en el papel, y no en mis recuerdos, antes de que termine convirtiéndome en una simple sombra de mí mismo anclada a un pasado lúgubre.

Y es que al final termino dando en el gusto a las ansiosas horas que esperan leer estas letras, antes de poder irme a dormir a la espera de un nuevo día y un nuevo capítulo. En realidad termino dándoles las gracias por venir a visitar mi morada y rogarme por algo de atención, algo de historias silenciosas.


Y es que dentro de este paréntesis de novela, pareciera ser que al escribir mis apagadas emociones en un papel, el tiempo pasa más rápido, y la tenaz memoria triste se diluye entre cada palabra desgastada.

martes, 2 de septiembre de 2014

Luces Nocturnas


Puedo ver el centro de la ciudad desde la ventana de mi habitación. Durante el día se pueden divisar las montañas ocultas tras ese velo gris y tóxico que respiramos a cada rato, y las personas se ven como diminutas hormigas caminando en línea hacia el metro, o hacia la micro en el paradero.

Pero prefiero quedarme horas despierto, mirando esa misma escena durante la noche. Casi no hay personas y por momentos las calles son adornadas por alguna baliza que interrumpe el silencio reinante. Algún vehículo pasa solitario, esperando liberarse la de luz roja en la esquina.

Todo pareciera ir más lento.

Durante la noche las luces armonizan mejor con la oscuridad, y estoy horas mirando hacia el centro de la ciudad, tratando de distinguir punto por punto aquellas más alejadas. Y ahí me quedo, apoyado contra el muro, tratando de buscar y encontrar sólo una entre todas las luces.


Y es que me desvelo por las noches queriendo ser aquel farol afortunado, cuya luz se escabulle por las  cortinas de tu alcoba, y abriga tus sueños mientras duermes.

lunes, 21 de noviembre de 2011

... Patada...


Cuando la rutina embriaga, convierte en autómatas, o envuelve con ese perfume seductor de normalidad, llega un momento en que crees ser parte de todo eso por arte de magia,

Hasta que recibes un golpe bajo, por lo general, inesperado, de esa misma rutina.

Descubres que aquellos ciclos que siempre han gobernado todo pueden demorarse, extenderse o en algunos instantes detenerse… pero jamás romperse.

Permanentemente se está conciente de esa mezcla forzada, pero pareciera ser que mientras uno se ve empujado a ello, asume una actitud desidiosa, influenciada por esa rutina.

Pero tarde o temprano esos ciclos irrompibles se reactivan y te devuelven a ellos de una sóla patada.

Pareciera ser que lo que viene es lo mismo que siempre ha ocurrido.

miércoles, 20 de julio de 2011

Claustra


Veo a la gente a mi alrededor, mirándose entre ellos o hacia el piso, avanzando hacia alguna dirección.

Miro sus rostros, afables y dispuestos, compartiendo palabras y gestos a medida que sus pies se intercalan uno delante de otro.

Oigo sus palabras, llenas de historias y relatos que contar, maletas cargadas de recuerdos que van moldeando aquellas voces y aquellos rostros.

Veo en ellos el deseo de seguir entregando palabras y gestos, como si la afabilidad aquella fuera lo que desean conservar.

Veo a la gente alrededor mio,
y me parece todo tan extraño y lejano.

domingo, 26 de junio de 2011

(des)equilibrio...


Mi espíritu tiende a la destrucción...
otorgando equilibrio al caos...

Por más que intente desequilibrar este inerte balance
todo parece indicar que los dados ya están echados...
dando fin al viejo ciclo, para dar paso a otro...


Dominvs

domingo, 1 de mayo de 2011

La Frontera


Voy deambulando por ambos lados de esta frontera.
A veces en este mundo; otras, en el otro.
Aunque más en uno que en el otro

A veces me siento empujado a uno,
otras veces hacia el otro
y de vez en cuando siento mayor deseo de uno que del otro
Aunque es más por uno que por el otro

Llevo toda una vida deambulando por esta frontera
A veces he viajado más de un extremo que del otro
Y desconozco en cuál me asentaré definitivamente
Y si es que algún día dejo de deambular.

martes, 15 de febrero de 2011

Melodías de Guerra


La realidad siempre supera la ficción. Varias veces había oído aquella frase durante los últimos años, desde cuando apenas era un novato y había más ganas que experiencia. Siempre decían que esa era una de las cosas que había que tener presente al momento de la verdad, que probablemente si recordaban esa frase, volverían a sus camas al final del día. La mayoría de los que se alistan entran con la imagen que dan en las películas de la guerra, de soldados que gritan como energúmenos, follándose a las putas del pueblo o que se divierten disparándole al enemigo mientras lanzan una que otra puteada con los ojos desorbitados clamando por más sangre.

La primera vez que se enfrentó a una batalla real sintió que había un antes y después en su vida. Cualquier persona se bloquearía a la primera bala que le pasara cerca y lo más probable que haga sería huir de ahí, lejos de los proyectiles. Pero acá huir estaba prohibido, y si pretendían escapar de esas balas, se encontrarían con una que sí les llegaría, pero disparada por su oficial superior. La única opción era apretar el gatillo, evitar que los mataran, y estar lo suficientemente iluminados para evitar cometer un error fatal. Aquel sujeto se enfrentó esa vez a un grupo de hombres vestidos de civiles, que portaban armas de grueso calibre en medio de una derruida ciudad. El único ruido que percibía eran esos pedazos de metal cortando el viento, mientras entre ellos se gritaban órdenes y advertencias. Lo primero que surge es confusión entre tanto mensaje y ruido, pero a la fuerza los oídos y los ojos aprenden a codificar todo eso, y así se van formando los soldados… por las malas. De ese modo se formó él, esquivando las balas y disparando a cualquiera que alzara algún fusil o revólver.

Durante ese período, al final del día lo único que quería, al igual de muchos, era dormir y por un momento no tener conciencia de las cosas. Costaba adaptarse a esa realidad totalmente diferente de lo que se vivió antes de enlistarse. Oír la melodía de la guerra vibrar en su memoria le dificultaba conciliar el sueño, y muchas veces fue tan intenso que al día siguiente le costaba estar atento, teniendo muchas veces que tomar litros de café para poder despertarse en algo. En aquellos primeros días deseaba poder estar en su hogar, menos hostil, y haber decidido no hacer aquella fila en el cantón. Pero lentamente sus oídos se fueron acostumbrando a las balas y las explosiones, y sus ojos fueron adecuándose a los ríos de sangre, edificios destruidos y cadáveres desperdigados por las calles. Lentamente comprendió que la única forma de sobrevivir a aquella carnicería, era convertirse en el carnicero.

Progresivamente el convertirse en carnicero fue trayendo sus consecuencias. Frialdad, indiferencia y desinterés en el dolor ajeno, fue poco a poco lo que comenzó a aflorar en él, como en aquellos que también habían aprendido a sobrevivir, y de alguna forma eso también los convirtió en más que soldados, los convirtió en camaradas, en compañeros que se sentían como muertos que debían escapar del infierno. Mientras supieran que otros también pasaban por lo mismo, era superable, mientras estuvieran en la guerra junto a sus compañeros, era aguantable…

… Pero una vez fuera de la guerra.

Una vez fuera de la guerra ya no se tenía algo en que distraer el pensamiento. Una vez ya fuera de los huracanes de balas y los truenos de las granadas no había forma de evitar tomar caldo de cabeza. El volver a la vida normal de los individuos resultó, al fin y al cabo, en una verdadera batalla, en donde no se arriesgaba la vida, pero si era mucho más cruenta e insoportable que el campo de combate. Una vez fuera de la guerra no había compañeros que hubiesen pasado por lo mismo, por lo que ahora el soldado no era el soldado, sino el bicho raro.

Lo único que podía surgir de eso, era el remordimiento, y soledad.

sábado, 5 de febrero de 2011

... El Reino del Viento


La tierra, convertida en lodo después de la última lluvia, deja mis pies sucios luego de horas de caminata. En estos lugares el viento derrota al sol, y sobre la piel se siente una suave y refrescante brisa veraniega, que convierte los más áridos días citadinos en agradables tardes templadas.

Es un lugar ideal para pensarse.

Así como la brisa ayuda a aliviar el sofocante calor, también facilita traer al presente los recuerdos de los últimos tiempos, recontando todo y ayudando a poner en nuestras balanzas nuestras acciones.

Y así saber qué hacer al volver a la aridez del mundo habitual.

Siempre me ha llamado la atención esa necesidad de salir de ese mundo, extraño, indiferente, hostil y a veces tan complejo. A pesar de haber crecido rodeado de su asfalto y de infiltrarme a ratos entre sus habitantes, siempre he sentido que no pertenezco a aquel lugar, como si hubiese llegado a él luego de nacer y crecer en el reino del viento. Constantemente esa brisa está llamándome.

Esa brisa me reclama para sí.

Cada vez que estuve cerca de cruzar alguna calle en aquella ciudad, sentía su fuerza jalándome hacia sus más altas cumbres. En cada ocasión en que pude haberme infiltrado en sus mundos, más de lo habitual, esta dulce tirana aparecía frente a mí, como cuál asesina de ilusiones, que elimina cualquier esperanza de haberme unido a ese mundo extraño.

La vida transcurre en ese mundo extraño, es cómo si esa tirana me permitiese estar ahí sólo por un tiempo, para después forzarme a volver a su lado, una y otra vez. Sé que debo emigrar de ahí, tarde o temprano, pero aquella reina caprichosa me reclama, me fuerza a volver allá, a su imperio de soledad y silencio, embriagándome con su suavidad.

Así siempre estaré en esas tierras de asfalto, como si estuviera en un campo desconocido y peligroso, obligándome a volver al reino del viento.

jueves, 23 de diciembre de 2010

el título no importa...



Hay momentos en los que es necesario estar encumbrado en lo más alto del cielo, para poder ver a las demás personas como pequeñas, frágiles y unidas unas a otras.

En otras situaciones, se debe también estar de pie junto a ellos, para compartir y ser parte de sus vidas y de sus actos.

Pero también a veces hay que estar desplomado en el suelo, envuelto en las cenizas, para ver desde abajo toda la suciedad y el polvo de los demás, para evitar hacerse falsas expectativas frente a ellos.

martes, 14 de septiembre de 2010

Masas en el horno...


Luego de semanas de tensión, angustia y alegría, para terminar en la borrachera, hay ciertas cosas que es mejor sacar del horno antes de que se quemen y pasen a ser parte de las cenizas del olvido y la discrecionalidad.

… Las diferencias existen y son válidas, pero un 90% de ellas son estupideces…

… Dios es como los políticos: no hace nada y se cuelga de todo… (gracias a dios no se ha postulado a ningún cargo)

… Los políticos siempre ven oportunidades en todo… (léase mineros y mapuches)

… Mientras más ingeniosa parezca una frase, es más probable que sea falsa - a propósito de un reportaje sobre exorcismos, en donde a cada rato me decían que la mejor estrategia del diablo para dominar a las personas, es hacernos creer que no existe... (que conveniente).


sería todo por ahora...

domingo, 15 de agosto de 2010

Tengo ganas de asesinar a alguien...



Hasta hace poco me sentía frustrado y decepcionado. A pesar de tener mi mente llena de mierda e ideas brillantes, no era capaz de botarlas de ahí (sea como fuese). Trataba de seguir explotando formas que por un tiempo resultaron bastante bien… pero ya no. Comenzaron a acumularse dentro de mí y mientras más tiempo pasaba más me exasperaban.

Así que mi única opción fue cambiar la forma de expulsar todo eso.

Adiós a las palabras formales, a los eufemismos y a la poesía.

La verdad es que después de un tiempo, hasta las formas más estilizadas y bellas de cualquier cosa, cuando no se usan bien y se desperdician en tonteras, o sencillamente no se usan, se convierten en depósitos pestilentes de excremento, que a menos que se pasen por una metafórica planta de tratamiento de aguas servidas, deben sencillamente desecharse, sino terminarán infectándolo todo.

Habrá que darle paso a las palabras sucias, políticamente incorrectas y elegantemente agresivas. Habrá que jugar groseramente con temas que con sólo ser oídos obligan a las viejas a persignarse como corderitos inmaculados y devotos. Habrá que golpear de vez en cuando diferentes situaciones o cosas que molesten o que no estén muy claras. También problematizar (wena) algunas cuestiones que la mayoría ni se da el tiempo de desenredar.

En el fondo, de vez en cuando creo que necesitaré tirarle caca a algunas situaciones, pero sólo cuando acumule la suficiente dentro de mi retorcida mente.

domingo, 25 de julio de 2010

duda


siempre paso preguntándome a qué se acerca más el ser humano, si a un ser evolucionado y racional, o a un troglodita irracional...


y muchas veces siento que se parece más a lo último...

domingo, 18 de julio de 2010

Ansias


Abrí la puerta de mi habitación y corrí a sentarme sobre la silla del escritorio, con su respaldo de tela y su costura rota. La cantidad de luz es perfecta y el silencio adecuado, como si me invitaran a dejar fluir el alma. Mi escritorio está extrañamente vacío con una lámpara y algunos discos con programas y películas.

Por mi mente pasan imágenes a grandes velocidades, emociones y recuerdos deseosos de salir de mí y quedar plasmados en algún otro lugar, donde puedan perpetuarse hasta más allá de los vericuetos que viviré en los próximos días, cuando probablemente encuentren su lecho. Es en mi escritorio donde yacen una pluma y un trozo de papel, susurrando insinuaciones a mis voraginosos pensamientos. Huracanes de sensaciones me dominan y me exigen ser traducidos en palabras, provocándome ansias y desesperación.

Tomo el lápiz para poder dejarlos salir…

Pero el papel sigue en blanco.

domingo, 30 de mayo de 2010

Positivismo...


Siento sólo algo de frío en mis pies, pero sería absurdo que mi nueva gabardina llegara hasta el suelo, mojándose con las pozas de agua que quedan de la última lluvia. Me llega hasta un poco más abajo de las rodillas y es cerrada en el cuello, como me gustan, sin solapa. Hace tiempo que deseaba tener una, quizá porque abriga más que cualquier otra chaqueta o abrigo corto, que dejan sólo mis pantalones como protección contra el frío de mis muslos; o será porque este traje tienda a ser parecido a mi… formal, extraño, oscuro y poco común.

Como todas las noches, salgo a caminar por las calles de esta ciudad, en este afán de observar, de mirar, y de pretender ser una especie de vigilante omnipresente, ausente e indiferente. El frío ayuda a mantener la mente en calma y las pozas de agua siempre son útiles para recordar que la lluvia lo purifica y aclara todo. La noche ya ha avanzado en algo y a lo lejos se oyen ruidos en uno de los hogares que hay acá. De cerca puedo observar a los vecinos intentando conciliar el sueño ante este panorama, naturalmente que en una noche tan fría desean con mayores ansias recostarse y dormir tranquilamente, pero el ímpetu y aparentemente interminable deseo juvenil de divertimento parece sobreponerse a las adversidades, y el ruido es una de esas válvulas por donde esa energía contenida escapa como volcán en erupción.

Parece que la fiesta está buena. Mientras más me acerco al frente de aquella casa, sede de festividades, más puedo notar a aquella pequeña comunidad en ese ritual de danzas y conversaciones amenas. Parecen divertirse bastante. Pero es curioso que al acercarme más a aquella casa por el frente, más lejano siento aquellas memorias de aquellos rituales festivos, de esas celebraciones a las que asistía, donde todos parecían disfrutar de esos momentos en grupo, excepto yo.

Hace algo más de frío ahora, ya estoy casi al frente de aquella casa. Cada vez que culminaba alguno de esos ritos, terminaba con más dudas que certezas, no sentía aquel disfrute que los demás sentían, y ese rito de celebración que representaba para la mayoría, para mí era de incomodidad. No era capaz de ingresar en esas dinámicas de alegría desbordante y momentos de fraternidad que son tan propios de esas situaciones. Del mismo modo no podía acceder a esas instancias en momentos más casuales, conversaciones de pasillo o reuniones esporádicas, que a esa altura traían más incertidumbre e inhibición.

Gran parte de eso quizá se debía a que, en el fondo, no entiendo a las personas. No entiendo sus maneras, sus claves ni sus vínculos, no entiendo por qué hacen lo que hacen y por qué les interesa (cosa que descubrí con el tiempo que a mí nunca me interesó). Más allá de esa diferencia que tenía con los demás, nunca entendí muchas cosas de ellos.

A medida que camino por el frente voy recordando aquellos pasajes de mi vida, aquellos momentos donde siempre me preguntaba “¿Qué hago aquí?”, debería estar en otra parte, más tranquilo, sin sobresaltos, en silencio. Era en aquellos momentos donde esa diferencia cobraba más fuerza y los deseos de alejarse de esos lugares extraños, ajenos, incomprensibles, y a grandes ratos, indeseables, crecían. Aquellas sensaciones fueron mayores con el tiempo, y siempre que trataba reducir en algo aquellas diferencias… más extraños eran.

Todas aquellas tribulaciones y reflexiones me hicieron concluir que no entendía muchas cosas y que yo no era parte de aquellos rituales en comunidad, ni de celebraciones, conversaciones, relaciones ni encuentros casuales. Mis lugares están en otra parte, lejos de esas instancias grupales que tanta lejanía me causan. La verdad es que nunca desarrollé mi sentido de pertenencia a esas cosas, y eso hizo crecer el rechazo que sentía a esas actividades. Definitivamente, terminé alejándome de todo eso.

La noche se hace mucho más fría y algunas gotas vuelven a caer, por desgracia tendré que dejar esta caminata para la próxima, antes de que mi gabardina nueva se moje demasiado. Mañana seguiré explorando los rincones de esta ciudad, que con frecuencia se me hace hostil y extraña.

domingo, 7 de marzo de 2010

Soberbia


La máquina avanza a paso firme, indubitable, manejada por pequeños monaguillos confiados en su orgullosa creación, y seguros de su imbatibilidad ante cualquier adversario.

Avanzan en su máquina, seguros de conocer a sus enemigos, seguros de anticipar cualquier movimiento de estos. Bueno, interminables años estudiándolos y espiándolos, había generado la sensación de saber todo acerca de sus supuestos dóciles rivales, deseosos estos de frenar el avance de aquella máquina en apariencia perfecta.

Parecía ser que nada podía detener el avance de este monumento a la magnificencia, que arrasaba con todo lo que se osase a cruzar por su largo y pedregoso camino. Supuestamente aquel monstruo debía servir a sus monaguillos, pero esa maldita obsesión, ese maldito afán de perfeccionarlo todo terminó por convertir a los monaguillos en sirvientes de la máquina, olvidando para qué la habían creado.

Es por eso que olvidaron a sus rivales, a esos numerosos adversarios deseosos de cobrar venganza y recuperar todo aquello que esa máquina les había quitado. Nunca antes el odio y el deseo de revancha había sido tan grande contra alguien, y es así como la vida embosca a quienes olvidan que no son sólo los únicos que viven y tienen derecho a vivir.

Al final los monaguillos ven su orgullosa y obsesiva creación destruida en medio de la ira de sus enemigos, cayendo en cuenta de que también ellos habían sido destruidos por aquellos que jamás debieron calificar de “adversario”.

La vida siempre nos enseña que no podemos vivir con tal grado de soberbia, pasando a llevar aquello que nos rodea.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Pinceladas de...


Recuerdo que cuando era un niño siempre me llevaban a pasear para buscar al viejito pascuero, antes de que fueran las doce de la noche, y siempre me sorprendía al volver a la casa y ver el árbol rodeado de paquetes envueltos en papel llamativo…

Hasta que un día, cuando comencé a crecer, y poco a poco le pregunté a mis padres

¿Qué se celebra en navidad?
¿Por qué se arma el arbolito de pascua para navidad?
¿Por qué la gente está tan nerviosa comprando regalos en las calles?


También recuerdo que cuando niño salía a buscar los huevitos de chocolate, cuando era semana santa.

Hasta que un día le pregunté a mis padres

¿Por qué salimos a buscar huevitos de chocolate?
¿Por qué no se puede comer carne en semana santa?




Hasta el día de hoy veo gente desesperada en las calles por comprar, comprar y sólo comprar

Hasta el día de hoy veo gente que hace muchas cosas solo porque los demás también lo hacen

Y hasta el día de hoy escucho a la gente llamar "tradición" a muchas de estas cosas

… Y hasta el día de hoy espero las respuestas para esas preguntas que me hacía cuando niño…


Y hoy me pregunto

¿Qué es tradición?

martes, 13 de octubre de 2009

Obra...


Alma atada a la cumbre envuelta en nubes verdes y cielos azules, que cada día es bañada en la fuente dorada para ser secada con las mantas oscuras y luces blancas. Sólo unas pocas almas se dejan encadenar a tal escena monótona y eterna cuya oferta no va más allá del suave descanso y la amable compañía del silencio.

Deslizarse entremedio de estas escenas conlleva inequívocamente a pretender dormirse entre sus hilos conductores, dejando que aquellas manos invisibles dispongan del paso del tiempo y de las melodías que suenan en aquellos compases verdes y danzantes sobre aquellos atriles de madera y resina. Aquel tronar sólo nos incita a cerrar los ojos y dejar que la escena de piso verde y húmedo siga su curso apacible y adictivo.

Es en medio de los actos en que uno se da cuenta “ha valido la pena el viaje y el pago de una entrada a esta obra maestra” compuesta por el más tímido de los grandes creadores que se esconde temeroso ante el aplauso del público embelesado con sus notas. La obra termina, ha llegado el momento de volver a la realidad.

Oír tal belleza significa irrevocablemente alejarse de los ruidos del diario vivir, de la gente sosa y normal que va por la vida exigida por su dureza, ignorante de esas obras y deseosas de buscar la magnificencia en lugares en donde no la hay. Dejarse abrazar por las melodías obliga a olvidarse de los individuos que buscan la diversión como un tigre persigue a su presa deseoso de satisfacer su hambre.

Oír tal belleza significa ineludiblemente regresar a la realidad y sentir que se encuentra ante un mundo desconocido, ante personas desconocidas que viven y disfrutan de obras diferentes a esta composión.





...vmbra...